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UN DÍA PARA LAS FAMILIAS

La tarde del  24 de junio  fue soleada, como la mayoría de esta época del año. En el jardín de la Clínica Universitaria Bolivariana el viento susurraba entre los árboles, las mesas  estaban meticulosamente decoradas y un camino marcado con cintas brillantes y llamativas  indicaba un recorrido que a cada paso ofrecía reflexiones acerca de lo que significa ser un padre, una madre, una abuela. Al final una pequeña caja y detrás, junto una mesa con regalos y algunos globos color pastel, los miembros de la Fundación Milagros de Vida motivándolos  a seguir detenidamente la ruta.

 “Tu valentía me ha hecho fuerte”; “la vida nos eligió para que caminemos juntos”; “Aun siendo tan pequeño te has convertido en lo más grande de mi vida”. Entre sonrisas, llanto y  esperanza  fueron avanzando los 32 invitados, en su mayoría conmovidos al leer los papeles en el suelo que bien podrían ser mensajes  de sus propios corazones para sus hijos e hijas internos en la Unidad de Cuidados Neonatales.

Ya acomodados en las mesas, se encontraron con el motivo de la celebración resumido en una frase: “El amor entre los padres y sus hijos no se mide con el tiempo, se crea en un instante y dura para siempre” y luego de una breve presentación de los asistentes se meditó sobre la familia y se compartieron diferentes experiencias, rifas y refrigerios en medio de  un ambiente de confianza y cercanía, mientras los globos color pastel se elevaban hacia el cielo.

Y es que, previamente todos habían volcado en un trozo de papel los deseos para sus pequeños valientes. Los habían atado a los globos  y Camilo, el hermanito mayor de uno de los bebés, los soltó para que ascendieran en un cielo totalmente azul, bajo la luz del sol, mientras los espectadores clavaban la mirada en las esferas de colores cada vez más lejanas.

Con palabras de agradecimiento terminó la tarde; las familias expresaron nuevamente los sentimientos que los embargaban y ya eran distintos. Aunque aún no podían llevarse a casa a sus hijos e hijas, estaban más tranquilos y en paz. El dolor estaba ahí pero ya no manchaba, la situación era triste pero yo no amarga, porque seguían luchando junto a sus pequeñines y ningún desconsuelo es capaz de empañar esa compañía.