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LA PAZ COMIENZA EN EL NACIMIENTO

Para conseguir la paz es necesario que el bebé aprenda a amar, en el contacto piel con piel con la mamá y se impulse a vivir arrastrándose hasta su pecho.

Eso quiere decir que los niños y las niñas deben participar activamente de su propio parto y nacimiento, teniendo en cuenta que  estos  dos aprendizajes son primordiales en el desarrollo de los chiquillos porque fortalecen el vínculo madre –hijo y por esta razón son factores que generan paz desde el núcleo social que es la familia.

Un niño o niña que crece en un ambiente  donde se le involucra será, más adelante, una persona generadora de cambio y de trasformación porque desde su nacimiento adquiero las competencias emocionales para darse su lugar en el mundo.